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Mito romántico: La media naranja

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¿Cuántas veces hemos escuchado eso de «encontrar a nuestra media naranja»? ¿O de buscarla o de querer que aparezca? Es una expresión muy típica (y tópica) con la que identificamos a nuestra pareja: Es mi media naranja.

Ante la dificultad (lógica) de encontrarla, o para tomarnos las relaciones con algo más de humor, hay quienes deciden identificarse con manzanas por ser la fruta prohibida o porque le dio mucho dinero a Steve Jobs, ¿por qué no?

De cualquier manera, y grabado en nuestro subconsciente está esa idea de buscar a nuestra media naranja y todo lo que conlleva.

Pero ¿qué esconde ese mito romántico tan generalizado y dañino?

  • La creencia de que para sentirse completo se necesita el amor de  pareja. Como si no pudieras ser feliz solo. Puede que te guste vivir en pareja, que eches en falta los mimos o la sensación de compañía cuando no la tienes, pero eso no significa que no puedas sentirte bien contigo. No necesitas a nadie ajeno a ti para ser feliz.
  • La creencia de que solamente existe una persona que es ideal para cada uno. Algo así como que cada uno tiene solo una única pareja con la que ser feliz. Aquí también influye el mito del amor para toda la vida, pero de eso ya hablaremos en otro post.
  • La creencia de que somos seres incompletos y esa otra persona, esa otra mitad, es la que nos va a completar. Por eso surgen muchas veces los conflictos en las relaciones de pareja. Exigimos que la otra persona haga lo que nosotros no hacemos, creyendo que entre los dos somos uno. Una cosa es complementar y otra completar. Nuestra pareja puede complementarlos y hacernos ver que el amor no suma, sino que multiplica. Y otra es completar, dar por cerrado algo como  una relación que es algo vivo y que continua creciendo hasta que muere (si muere).

¿Qué suele causar este mito romántico de la media naranja?

  • Frustración. No lo vamos a negar. Fastidia mucho, sobre todo cuando eres joven, no encontrar a alguien con quien compartir el tiempo, las ilusiones, los sueños…
  • Dependencia emocional y apego. Si además hemos tardado en encontrar a «nuestra media naranja» mucho más. A veces nos aferramos a la pareja porque seguimos pensando que es la perfecta para nosotros, o porque creemos que no vamos a encontrar a nadie más.
  • Desaliento porque buscamos que alguien encaje en nuestros esquemas. Los nuestros. Imaginamos cómo deber ser y qué necesitamos que sea el otro para que nos complete. ¡¡Ay, esas expectativas!!
  • Baja autoestima. No solo porque nos creemos incompletos sino porque no somos capaces de encontrar a nadie perfecto para nosotros o retenerlo.

¿Cuál es la realidad?

  • Somos personas completas. Con nuestra luces y nuestras sombras. Perfectas para nuestra vida y los desafíos que conlleva.
  • No necesitamos a nadie para ser felices. Menuda responsabilidad cargas a la otra persona… hacerte feliz a ti… Bastante tiene consigo mismo… Pero esto también es otro mito romántico del que hablaremos en otro momento.
  • Cada persona evoluciona a su ritmo. A veces en armonía con la persona con la que compartes la vida, y a veces no. Con el paso del tiempo, las personas pueden querer cosas distintas, buscar algo diferente y se provocan las rupturas.

Hace mucho tiempo leí un cuentecito que, abreviado porque no lo recuerdo mucho, era algo así:

Encuentras a alguien con quien compartir tu vida. Os dais la mano y empezáis a subir los escalones juntos, a la par. (¿Lo imaginas?). Entonces, la vida nos pone diferentes pruebas: nuevos trabajos, diferentes inquietudes, hobbies con los que no contábamos, personas que amplían nuestros horizontes con su ejemplo… además de dificultades económicas, familiares, sociales… Y esa pareja que subía a la par, juntos, de la mano, necesita detenerse a descansar en algún escalón. A veces, se detienen juntos. Otras veces es uno de los dos el que necesita parar, confuso o agotado por las razones que sean. El otro miembro de la pareja puede tirar de él por un tiempo, y sigue subiendo las escaleras.

Mírate la longitud de tu brazo. Piensa en la longitud del brazo de la otra persona. Por mucho que quieras tirar de alguien, llega un momento que la distancia entre ambos es más grande que la longitud de los dos brazos juntos.

Llega un momento en el que son las yemas de los dedos lo que unen a la pareja, y no la mano completa. Y las relaciones se rompen. Por desgaste, por querer cosas diferentes, porque en otro escalón has conocido a otra persona… ¿Hay alguna posibilidad de volver con esa persona con la que empezaste a caminar de la mano? Por supuesto. Quizá volváis a encontraros en un mismo escalón después de un tiempo. Las segundas oportunidades existen ¿no?

Así que, recuérdate que eres una naranja completa, o una manzana, o una pera  o lo que tú quieras ¿Qué más da? Lo importante es que te sientas bien, pleno, satisfecho con tu vida. FELIZ.

¿Qué opinas tú del mito romántico de la media naranja?

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